El reciente proceso electoral
estadounidense ha carecido precisamente de esta cualidad; respeto a la decisión
del electorado. Los sufragantes se pronunciaron por un candidato, y el poder
judicial y la corte de justicia de los Estados Unidos decidieron finalmente por
todo el pueblo e impusieron sin tener la total confirmación de todos los datos,
sin esperar el recuento total, a George W. Bush como el presidente de los
Estados Unidos.
Bajo
estas circunstancias es comprensible que más de la mitad de los empadronados se
hayan manifestado por la abstención. No están de acuerdo con el proceso ni con
los candidatos presidenciales, expresiones evidentes de una actitud de apatía
política.
Los
votos de la mayoría ciudadana no contaron, se impuso una decisión final de unos
cuantos y definitivamente el que logró la mayor cantidad de sufragios no ganó.
La
democracia, luego entonces, es para los estadounidenses una forma de decidir
sobre todo y sobre todos los que se manifestaron. Desgraciadamente el pueblo
estadounidense tiene voto pero no tiene voz.
¿Cuáles
podrían ser algunas de las principales enseñanzas de este proceso electoral?
1.
La democracia imperfecta en los Estados Unidos. El
resquebrajamiento de la supuesta democracia perfecta, los paladines de la
justicia y la ley se han convertido en auténticos usurpadores de poder al
imponer, sin tener todas las evidencias fehacientes, al ganador del proceso
electoral. El próximo presidente del coloso del norte será un usurpador y con
el paso del tiempo sabremos si ganó Bush. El ideal de la democracia indirecta
como una forma de tomar en cuenta a los estados y cada uno de ellos sumar
votos, no parece ser un mecanismo que permita acercarnos a la voluntad del
pueblo. En casi todo el mundo se considera que el voto directo es una manifestación de qué quiere la ciudadanía,
por cuál opción política se inclina en su conjunto, no en sus partes. Puede ser
que la democracia a la Gringa les resulte atractivo a muchos estadounidenses;
empero, dista mucho de ser la democracia perfecta que en todas partes se
pregona.
2.
El pueblo estadounidense se han convertido en un rehén
de los medios. El cuarto poder manejó la información según sus preferencias
políticas, primero dando como ganador a uno y luego reculando y dando como
ganador al otro. Los medios, una vez más, nos confirman la tesis de ser unos
manipuladores de opinión. Los medios tal parece que cayeron en el desconcierto
y a la falta de información verídica, confiable y certera, optaron por su
inclinación política-ideológica y decidieron tomar partido por alguno de los
contendientes.
3.
El sistema democrático estadounidense es encuentra en
entredicho. La supuesta democracia perfecta ha sido severamente cuestionada. El
sistema de elección indirecta no ha funcionado como se esperaba y finalmente el
voto popular, el sufragio de los electores, la decisión de quién será el
próximo presidente de los Estados Unidos no fue producto de la voluntad del
pueblo; ha sido una imposición de la corte federal de los Estados Unidos. En
otras palabras, el propio sistema se calificó, se convalidó y sancionó todo el
proceso electoral.
4.
¿Dónde estaba el ejército de observadores electorales
del ex presidente Carter, cuya contribución a la democracia del planeta es
precisamente el ser una voz cantante decisiva en algunos procesos electorales
como el nicaraguense, convalidando la derrota de los sandinistas, el reciente
de Perú que precisamente y no obstante todo el proceso de fraude, se esperó
hasta el final para emitir una tibia condena al fujimorazo? ¿Dónde
estaban todas las organizaciones internacionales como la OEA que en elecciones
de otros países inmediatamente se manifiesta, pero en éste brilló por su
ausencia?
5.
En muchas partes del mundo ya funciona con resultados
diversos la ciudadanización del proceso y la calificación electoral.
Pero en los EEUU aún prevalecen arcaicos métodos para sufragar y calificar el
proceso electoral. Es el momento de cuestionar severamente las reglas del
juego, el pueblo estadounidense debiera preguntarse si este método asegura una
genuina y auténtica democracia o si es necesario modificar todo el proceso de
elección; ellos tienen la última palabra.
6.
Finalmente, nuestra opinión sobre este proceso electoral
es parte ineludible del quehacer de las Cuestiones Americanas. La
democracia es y seguirá siendo parte ineludible del debate incesante en el
devenir americano. Por ello es que nos atrevemos a emitir nuestra visión de lo
que sucedió en la nación de la democracia imperfecta.
Cuestiones de América Nº 1, Enero de 2001
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