Era del Foxismo:
¿Nueva Oportunidad para los Mexicanos?
La reciente toma
de posesión del presidente mexicano Vicente Fox corona las nuevas condiciones
políticas por las que atraviesa México. Luego de una larga batalla por modificar
las vetustas estructuras de gobierno promovidas sobre todo por el largo reinado
de un partido como el PRI, herido cada vez más por la creciente conciencia de
la gente y una amplia oposición aunque compleja y cambiante, el actual panorama
del país advierte no pocas posibilidades de que México resuelva algunos de sus
añejos ahogos. Pero igual, las nuevas circunstancias se entreveran con
arcaicas y severas limitaciones que resultan de problemas que permanecen, no
obstante los deseos de remontarlos.
Ello es así porque los problemas que vive
el país no solamente son políticos ni pueden entenderse sólo como resultado de
70 años de rampantes estructuras paternalistas y autoritarias, como pretendería
considerarse en un análisis fácil de las actuales ocurrencias. A contrapelo de
lo que algunos piensan, la problemática social y económica no podría resolverse
tan sólo por un cambio de gobierno, pues está determinada todavía y por mucho
tiempo adelante por las necesidades de ganancia de un libre mercado más abierto
pero igual de supeditado a poderosos intereses a los que importa mantener
incólume el curso actual del mismo.
Por esa misma razón, considerar que la
entrada de una alternativa política distinta al priísmo (por mucho que se
adjetivara más democrática que la anterior y que, en efecto, intentara asumirse
como tal) sería la solución a décadas y décadas de pobreza de los mexicanos, es
poco menos que falaz. Son de tal monta esos problemas que no podríamos pensar
con objetividad en que este cambio que hoy se ha producido siquiera fuera la
posibilidad de sentar las bases para que al paso del tiempo en efecto pueda el
país ser reconstruido y que ello permita a sus habitantes entrar a una nueva
era de florecimiento social y personal.
Tan sólo de 1994 a 1998, la apertura
económica en México, la sobrevaluación del peso, la limitación del crédito y la
contención salarial produjeron un crecimiento del PIB de apenas 2.87 % en
promedio anual. Dicho crecimiento resultó insuficiente para satisfacer la
demanda pues en el periodo se generaron sólo 1 millón 257 mil 182 empleos
frente a una exigencia de 6 millones de plazas. Así, el empleo informal ha
comenzado a calcularse -según distintas fuentes- en 19 a 21 millones de
personas, el 50 % de la PEA sin prestaciones laborales ni acceso a los
servicios de asistencia médica en actividades como el comercio en vía
pública, la prostitución, el tráfico de enervantes y armas, entre otras. Los bajos
salarios y escasos puestos de trabajo obligan a la gente a buscar de diversas
maneras una forma de vida, así sea medianamente digna: aumenta el número
de trabajadores que emigran a los Estados Unidos habiendo deportado el gobierno
norteamericano en tan sólo doce años a 14 millones de mexicanos; muchos se
contratan en la industria maquiladora de exportación que ofrece los empleos
peor pagados y con más riesgo laboral además de no garantizar los mínimos
derechos laborales; cada vez ingresan más niños y mujeres al mercado con el fin
de completar el ingreso familiar; más de 10 millones de niños menores de 14
años laboran en el campo y en las ciudades, insertos en la economía
subterránea; respecto a los hábitos de consumo, las familias tienden a invertir
más en telas con el fin de confeccionar su ropa (Juárez Sánchez,
1999 y González, 1998) *.
La problemática de los mexicanos es, bien
o mal, la misma que viven en general el resto de los latinoamericanos, e
inclusive en una gran medida –guardadas las diferencias- la que en el fondo
vive la gente en Canadá y los Estados Unidos, esto es, cómo resolver en forma
definitiva sus condiciones de vida, mermadas cada vez más por una etapa salvaje
de explotación. Los bajos salarios, los altos precios y sobre todo ello el
desempleo que más que amenguarse continúa su fatal despliegue, van en contra de
las ilusiones hoy de ganar espacio a la creciente pobreza de la gente, victima
por otro lado de los precios.
Así, considerar por parte del nuevo
presidente mexicano Vicente Fox que tan sólo por comprometerse a “velar por los
pobres y desposeidos” ya sería posible resolver la grave problemática
estructural que viven estos y vivimos todos, resultaría poco menos que ingenuo,
demagógico o irresponsable. La historia no perdona y a este respecto habría que
recordar cómo también en diciembre de 1987, justo en su toma de posesión,
Carlos Salinas de Gortari prometía a los mexicanos que en un año más la crisis
económica que afectaba a México terminaría, para dar paso a una nueva era de
bonanza en el México primermundista que soñara.
Hecho tan seductor como embustero que fue
su sexenato entonces, bien podría contaminar ese mismo espíritu al recién
instalado gobierno ahora, y convertir así la nueva oportunidad que tenemos los
mexicanos de tomar en nuestras propias manos el mañana nacional, en polvora en
infiernitos y palabrería frangollona...
Jesús Hernández Garibay
Diciembre de 2000
* Ver Juárez Sánchez, Laura, Los
trabajadores de México: entre los más pobres del mundo, revista
Trabajadores Nº 14, Universidad Obrera de México, septiembre-octubre de
1999; en http://spin.com.mx/~uom/principaltrabajar.htm
(enero de 2000). Ver además nota de
Roberto González en La
Jornada, 25 de noviembre de 1998. Tan sólo en la
ciudad de México, se calcula que comercian de manera informal un total de 250
mil ambulantes en la actualidad.
Cuestiones de América Nº 0, Diciembre de 2000
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