Cuestiones
de América
Presentación:
Reconstruyendo el
Horizonte...
El siglo XX empezó tarde: Hobsbawm opina que en 1914
con el inicio de la Primera Guerra Mundial; otros que con la revolución de
Octubre de 1917. Pero pareciera también que terminó temprano; el otoño de 1989
en que cayó el socialismo en Europa del Este como las hojas con el viento, se
había cerrado un ciclo. En América otro ciclo, que iniciara con la Revolución
Mexicana, se fue cerrando paso a paso: fin de las dictaduras militares que dan
lugar a gobiernos civiles en Dominicana, Chile, Brasil, Argentina o Bolivia; o
presiones internacionales decisivas para la caída de gobiernos como en el Haití
de Papá y Baby Doc; dilución de movimientos sociales, caída del
sandinismo en Nicaragua y negociaciones del fin de la guerra en El Salvador y
Guatemala; y, finalmente, ascenso en México de una ultraderecha ideológica por
primera vez después de siglo y medio.
La Guerra
Fría, que fijó la dinámica del mundo por décadas llegó a su fin; los países más
desarrollados viven una expansión duradera sin precedentes, el neoliberalismo
impone su dictado casi en el mundo entero donde se globalizan tanto el capital
como la miseria; se habla de un Nuevo Orden Mundial donde, sin embargo,
continúan vigentes las viejas desigualdades: la brecha que separa a un país
pobre de cualquiera del llamado Grupo de los Siete puede ser hoy de más de 400
veces. A los países nos aparta no sólo el espacio sino el tiempo; vivimos a
siglos de distancia unos de otros y en cada país las distancias también se
agrandan. En Canadá, el país con mejor nivel de vida en el mundo, los pobres
son más pobres y los ricos más ricos. En México, la puerta hacia América
Latina, en un sexenio los pobres crecieron hasta alcanzar los 72 millones de
una población de 100.
En política
las cosas no andan tampoco sobre sus pies. En los Estados Unidos, adalid de la
democracia, el presidente es elegido en el 2000 en medio de trampas, coacciones
y errores tan sólo por la mitad del electorado y el voto al final es decidido
por jueces, políticos y funcionarios, más no por los ciudadanos. En este mundo
de miserables, de desechables en medio de la revolución de las computadoras, de
la era informática y el hotel Hilton en la luna, las respuestas a la justicia,
la libertad, la igualdad y la fraternidad parecen por momentos más lejos y más
oscuras que cuando culminó la revolución francesa.
La
distancia tampoco existe ya de la misma manera; hoy nuestro contacto es
inmediato por la red, mientras el hombre y la mujer no son solamente los de
antaño: su cuerpo mismo es trastocado por licuadoras de sangre, prótesis,
corazones artificiales e injertos de chips. El código genético ha sido
descifrado mientras la forma de las especies comienza a manipularse en el
laboratorio. El mundo no es ya natural y nuestra acción debe, para pensar en
sobrevivir, de regular la ecología en peligro, el cambio climático, el
agotamiento del agua potable y la desaparición de las especies.
Al
pretender la ciencia acercarse a la realidad última de la materia, ésta ha
terminado por escaparse hacia un mundo de partículas teóricas y postulados
desconcertantes sobre el tiempo y el espacio; el mundo virtual es parte de este
mundo. Al interrogarnos sobre la vida, la cultura y la historia nos hemos
descubierto en un mundo de lenguajes, en una selva de símbolos que remiten unos
a otros a descifrar los códigos en tiempos en que crece la soledad en medio de
la muchedumbre, como si la comunicación no tuviera sentido.
Y al
mismo tiempo que todo se mueve y cambia en el Cyberespacio, miles y miles de
hombres desde las selvas de Chiapas hasta el Amazonas, desde las calles de
Nueva York hasta la Pampa mueren desnudos, devastados por el hambre en medio de
la abundancia y por enfermedades que en realidad son curables. En un poblado de
Brasil los pepenadores fenecen como moscas por contaminaciones de Cesio,
mientras en Colombia o Perú las inundaciones devastan poblaciones enteras que
inermes son arrojadas por la civilización moderna al borde de cerros que se
desgajan. Mientras en Canadá las universidades son prácticamente universales,
en América Latina aún perdura el analfabetismo en una era en que la educación
se convierte en el cuarto sector de la economía. Y nadie sabe bien a bien, qué
hacer al respecto...
El
horizonte se difumina, los paradigmas se hacen añicos, nuestro tiempo es tiempo
de interrogantes; de ahí el título de nuestro Sitio: Cuestiones, que evoca la interrogante y búsqueda, el tema
central de esta época en que vivimos, la resonancia filosófica de la quaestio latina sin la cual no hay
argumentación ni racionalidad posibles, porque donde no hay preguntas reina
el dogma. Pero en particular Cuestiones de América, es decir,
preguntas que nos atañen específicamente y de manera natural a todos los
habitantes del más joven de los continentes, sin exclusión de ninguno. Porque
pasados los siglos América Latina no puede pensarse más sin su correspondencia
con el norte, con los pueblos de Canadá y los Estados Unidos, aun cuando nos
distinga la historia, la cultura y la necesidad que sobre todo los
latinoamericanos tenemos de lucha contra el imperio o las transnacionales, el
Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, jinetes actuales del
Apocalipsis neoliberal desde el último tercio del siglo XX.
Queremos
llegar al cibernauta de América y en especial a l@s jóvenes que constituyen la
mayoría de quienes acceden al Ciberespacio; y mostrarles el horizonte del cuestionamiento,
de la indagación de la ruta para caminar hacia el futuro. No nos resignamos a
que mañana sea sólo una palabra obscura y ominosa, infausta y lamentable
para tantos hombres y mujeres que tratan de emprenderla. Y para eso hay que
seguir convocando al pensar y al actuar cotidianamente por un futuro por todos,
con todos y para todos, sean obreros, campesinos, intelectuales, trabajadores
de los servicios, amas de casa o empresarios progresistas, nacionalistas e
internacionalistas, religiosos y no creyentes, organizados y no organizados,
civiles y militares, jóvenes o viejos, mujeres, hombres, homosexuales, lesbianas
y travestis, demócratas, ecologistas, anarquistas y comunistas, grupos étnicos
minoritarios, blancos, negros u orientales.
Hoy no
podemos imaginar hasta dónde podemos llegar en nuestra nueva empresa; ni
siquiera estamos seguros de si tiene mayor sentido reconstruir un horizonte ya
recorrido para que nos ayude mejor a caminar, o si resulta mejor hacer el
camino andando. Tenemos claro, eso sí, que el futuro ya ha comenzado en el
presente y que éste debe de transformarse a fin de evadir la fatalidad a la que
se quiere condenar a los millones, por los que rigen el mundo mediante el poder
del dinero, de las armas, de la corrupción y el control de la información o del
capital educativo y cultural.
Y aquí
seguimos, escribiendo de todo lo que coadyuve a dicha transformación, con los
únicos límites del rechazo a la discriminación ya sea de clase, étnica, de
género, nacional o generacional en aras de ese futuro, sea en la economía o la
política, la cultura o la educación, el arte o la filosofía. A eso les invitamos,
en un fecundo diálogo. Decía Calderón de la Barca que la vida es sueño...;
sueño, como pensamos nosotros, que enrumba en la dirección de la Utopía de
Tomás Moro, la imprescindible de ser perseguida por el ser humano de todos los
tiempos.
Jesús Hernández Garibay
Héctor Magaña Vargas
Pedro Reygadas
Diciembre de 2000
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